Relación representaciones sociales, saberes locales, identidad cultural y su importancia en el manejo de los recursos naturales y agricultura de las comunidades indígenas




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източникhttp://www.nacionmulticultural.unam.mx/Edespig/diagnostico_y_perspectivas/RECUADROS/CAPITULO 4/5
La petición de lluvia en la región Centro-Montaña y su importancia en la conservación de los recursos naturales

David Delgado Viverospleca_edespig.png


El estado de Guerrero en la República Mexicana es uno de los que poseen población indígena en el país, siendo la población náhuatl la que más área geográfica estatal ocupa. Precisamente en la Región Centro-Montaña de Guerrero las poblaciones indígenas de Atliaca y La Esperanza, objeto de este estudio, se encuentran ubicadas en esta zona.


No obstante el deterioro ambiental, notable en estos lugares debido a la deforestación, cada año estos grupos indígenas realizan ceremonias para pedir la lluvia e iniciar el ciclo agrícola, situación que merece atención debido a la simbología relacionada con estos sitios, donde el agua, la ecología y los recursos naturales que se emplean en las ceremonias juegan un papel importante tanto en el fortalecimiento de la identidad cultural como en la preservación del ambiente natural y los recursos de los lugares ceremoniales, lo que se refleja en diferentes estrategias para preservarlos.


En esta investigación se analizaron las formas en que las ceremonias de petición de lluvia de las comunidades de Atliaca y La Esperanza, Guerrero, México, sirven de base para el inicio del ciclo agrícola y el desarrollo de estrategias de conservación de recursos naturales en los lugares donde se ubican los centros ceremoniales y cómo se vinculan a su identidad cultural.


Relación representaciones sociales, saberes locales, identidad cultural y su importancia en el manejo de los recursos naturales y agricultura de las comunidades indígenas

Un aspecto importante de los estudios sobre cómo se manejan los recursos naturales se ha establecido a partir de comprender y valorar cómo cada sociedad, cultura o comunidad maneja su espacio y sus recursos, y cómo desarrolla sus actividades económicas, agrícolas o pecuarias.


En el contexto de la globalización, uno esperaría encontrarse con la transformación de los saberes locales sobre el manejo de los recursos naturales. Sin embargo, muchos de los saberes para entender y manejar la naturaleza han prevalecido, por lo que se ha hecho importante registrar y documentar los conocimientos y la cosmovisión de comunidades campesinas y pueblos indígenas sobre sus recursos.


Un proceso teórico metodológico al que se puede recurrir para estudiar los recursos naturales es el de las representaciones sociales, que nos permite comprender mecanismos por los cuales la gente adquiere y comparte sus saberes locales.


Moscovici, creador de esta perspectiva teórica, plantea que “una representación social es un conjunto de valores e ideas y prácticas con una doble función: primero, establecer un orden que permita a los individuos orientarse a ellos mismos y manejar su mundo material y social; en segundo lugar, favorecer que tenga lugar la comunicación proveyéndoles un código que les permita nombrar y clasificar los diversos aspectos de su mundo y de su historia individual y grupal”.


Las representaciones sociales pueden funcionar como sistemas de conocimiento racional, en el sentido de que los individuos raramente actúan sin consultar la sabiduría social y cultural disponible de los grupos y subgrupos a los que pertenecen. Esto se aplica al sistema de la relación pensamiento-creencias-conducta, para construir la realidad colectivamente establecida (Wagner, 1993, citado por Rodríguez, 2003: 69).


En ese sentido, en el sistema de creencias y prácticas, las representaciones sociales sirven para orientar la acción, así como para justificar los conocimientos y las prácticas. De ahí resulta que las representaciones sociales son el resultado de la conducta anclada en el sistema de creencias compartidas por el grupo de forma sustancial (Rodríguez, op. cit.). En este sentido, las representaciones sociales están ligadas a los saberes locales relacionados al sentido común y son parte importante para conformar su identidad cultural de grupo e individual (Giménez, 1997; González, 2003).


Bajo esta perspectiva, las representaciones sociales pueden cambiar en tanto cambien las creencias y las prácticas del colectivo. En el caso particular de otros recursos naturales no domesticados, se observan diferentes formas de vincularse entre los grupos humanos que los aprovechan, por lo que pueden distinguirse, además de los recursos domesticados, los de recolección, los tolerados y los manejados, que son expuestos a prácticas en las que se favorece la selección de características que se van seleccionando para mantener sabores, tamaños y disminución de las propiedades tóxicas que puedan encontrarse por ejemplo en las plantas de interés alimentario (Casas, 2001). Esto se puede explicar por saberes que se han ido construyendo a lo largo del tiempo y que pueden entenderse a través de comprender cómo se conforman las representaciones sociales.


Caracterización del territorio en la zona de estudio

Las condiciones climáticas, ambientales, de biodiversidad y el desarrollo de las actividades económicas de la zona están determinadas por la influencia de la Sierra Madre del Sur y el río Balsas. Debido al carácter serrano del lugar, las condiciones para el cultivo del maíz son difíciles, por los suelos de la zona y por el periodo de siete meses de sequía que se presenta, lo cual favorece el desarrollo de sistemas de vegetación como la selva baja caducifolia en altitudes de 1 200 hasta 1 400 msnm. El bosque de encino-sotolín-maguey mezcalero se desarrolla a los 1 400 y hasta los 2 000 msnm. Los recursos naturales presentes favorecen actividades económicas ligadas a la palma (Brahea dulcis), Maguey mezcalero (Agave cupreata), entre algunos de los recursos más destacados.


En la región Centro-Montaña se localiza la zona náhuatl más grande del estado, y se caracteriza porque la lengua que se habla se deriva del que se hablaba en el Valle de México. En esta zona, el tlacolol (sistema agrícola basado en la roza, tumba y quema pero en condiciones de ladera, para llevar a cabo el cultivo de maíz y frijol) es la base del ciclo agrícola; además, los grupos de las comunidades de estudio tienen los mismos orígenes indígenas (cohuixcas, pertenecientes al territorio de Yopitzinco), conquistados por los mexicas y posteriormente por los españoles (Pavía, 1992). La primera región náhuatl de la zona Centro-Montaña está enmarcada por las comunidades que pertenecen al municipio de Zitlala, Acatlán, del municipio de Chilapa; Xicomulco y La Esperanza (esta comunidad es parte de nuestro objeto de estudio), del municipio Mártir de Cuilapan. Una característica importante de esta región la componen los sistemas de cultivo de maízfrijol, maíz-frijol-alelón, maíz-alelón y maíz-frijol-calabaza. El alelón (tipo de sorgo que se emplea para la fabricación de escobas) se cultiva exclusivamente en esta región. Además, en menor proporción se cultiva la jícama, en las zonas de cultivo de la comunidad de Zitlala. También se consumen y comercializan vainas de huaje (Leucaena esculenta). El guamúchil (Pithecelobium dulcis) se llega a consumir pero no se comercializa. En esta región se emplea para consumo humano la hoja tierna de un árbol denominado yepaquijli (Acacia acatlensis), así como su flor, que denominan zompantle (Eritrina americana) y que se conoce más comúnmente en México como colorín.


En los cultivos que se producen en zona de ladera se observa frecuentemente la construcción de tecorrales, que es un sistema de conservación de suelo y agua, basado en la colocación de muros de piedra que rodean el área para la protección del suelo y del agua, los cuales son recursos importantes para las actividades productivas.


Otra actividad productiva la constituye la elaboración de cinta tejida de palma para la manufactura de artesanías. Veinte metros de esta cinta se pagan a $ 1.50, lo que favorece la realización, permanentemente, de esta actividad, aun cuando se llevan a cabo otras labores. En la familia, a los niños de siete años ya se les empieza enseñar a tejer. Las artesanías de palma que se elaboraron con esta cinta se venden en la ciudad de Chilapa, además de los productos agrícolas de esta región.


La presencia de la organización campesina “Sanzekan Tinemi”, en la vida de la comunidad de La Esperanza, produjo la creación de una reserva natural, un vivero para la reforestación de los sitios que necesitan restauración ecológica; esta reserva natural facilitó el desarrollo de un marco jurídico que elaboró la propia comunidad para la protección de los recursos naturales. De acuerdo con él, las multas que derivan de los delitos ambientales se pagan en refrescos que se dan a la comunidad que participa en el juicio de la persona que cometió el delito (un refresco por persona).

Para aplicar esta legislación y la de los delitos comunes, se cuenta con un comité de vigilancia. En esta comunidad no existen policías, pero el comité de vigilancia se encarga de nombrarlos para que presenten a quienes cometan delitos para juzgarlos. Además, la Sanzekan se ha encargado de impulsar programas de desarrollo que se generan con base en las necesidades observadas en las comunidades y en el manejo de sus recursos naturales.


La segunda región náhuatl la constituyen comunidades del Alto Balsas, Atliaca (la otra comunidad objeto de nuestro estudio), Huitziltepec, habitantes de las ciudades de Tixtla, Chilpancingo, Zumpango del Río, Sotoltitlán y de Apango (estos cinco últimos poblados actualmente hablan español, pero se identifican en las fiestas religiosas con los que todavía hablan la lengua) región que es más cálida que la anterior por ubicarse a menor altitud sobre el nivel del mar.


Las actividades productivas que caracterizan esta región son los cultivos agrícolas de maíz-frijol, maíz-frijol-calabaza, cultivo y colecta de quelites (principalmente del género Porophilum), cultivo de garbanzo y cultivo de jitomate, consumo y venta de vainas de huaje y guamuchil, en mayor proporción que en la primera región. En Atliaca se fabrica tabique, actividad que impacta de forma muy importante al ambiente, debido a lo agresivo del proceso de producción. En ambas regiones, una actividad importante en la economía local es la fabricación de mezcal, de forma artesanal, en la que, a diferencia de lo que sucede en Oaxaca, no se cultiva el agave.


Saberes rituales, estrategias de conservación de los recursos naturales e identidad cultural en la ceremonia de petición de lluvia

Las dos ceremonias en cuestión comparten elementos que podemos circunscribir a los siguientes aspectos:


• El paisaje natural enmarcado en la Sierra Madre del Sur hace propicio el que las ceremonias se lleven a cabo en los cerros.

• Las danzas están relacionadas con el ciclo agrícola, al agua y los elementos naturales.

• Se realizan ofrendas (huentli) a los dioses, para que correspondan en abundancia de las cosechas.

• La cruz es el elemento al que se dedica la fiesta.

• El espacio donde se realizan está vinculado de alguna manera al interior de la tierra.

• El uso de arcos en la entrada de los templos, elaborados con sotolín (Dasylirion sp) y flores de cempaolxóchitl o cacaloxóchitl. Los arcos permiten el paso del mundo terrenal al Tlalocan.

• La ceremonia es conducida por la persona de sexo masculino de mayor edad (huehuetzin).

• La participación de las mujeres da a la celebración un contexto de fertilidad.

• Los grupos de rezanderas ofrendan sus cantos y rezos.

• Las flores que se emplean en las ofrendas.

• La utilización de música de banda para acompañar la ceremonia (los músicos son adultos y niños de sexo masculino).

• Las fechas de la celebración de las ceremonias.


Los elementos comunes de las ceremonias de petición de lluvia anteriormente expuestos nos remiten inmediatamente al planteamiento que hace López Austin (1994), quien analiza la persistencia de los saberes indígenas mesoamericanos y su cosmovisión en las comunidades indígenas actuales, en los que se ligan los procesos de formación de la humanidad, la muerte y la producción alimentaria y religiosa, con los cuales se creaban y recreaban las identidades culturales de las comunidades mesoamericanas.


Esta perspectiva nos sitúa en dos mundos ligados sin los cuales no existiría la humanidad: Tamoanchan y Tlalocan.


Tamoanchan es considerado el lugar de creación, donde los dioses pusieron el maíz en la boca de los hombres después de haber triturado los granos con sus propias muelas. Por su parte, Tlalocan es lugar de muerte, una montaña hueca donde se genera la riqueza productiva. Lugar al que llegan los muertos, protegidos por el dios de la lluvia, quienes perecieron por mal de naturaleza acuosa (López, 1994). De ahí la importancia de cerros y cuevas para las culturas indígenas actuales. De esta base surge un modelo sobre el cual se explica el mundo, en el que podemos encontrar la naturaleza de las cosas, las réplicas, los dominios de los seres húmedos y fríos, el ciclo temporal y el ser humano.


En la naturaleza de las cosas se observa una cosmovisión holística del mundo de la cual se deriva la esencia; el hombre nace cuando la esencia divina se une a la muerte, esta esencia es dicotómica: frío/calor, vida/muerte, etcétera. Las réplicas se refieren a la posibilidad de que un dios dé origen a otros dioses, los cuales son reconocidos como patronos y habitan en cerros en lugares cercanos a sus protegidos. Los seres vivos, incluidos los humanos (siguiendo el modelo de López Austin), somos parte del complejo de los seres húmedos, fríos, nocturnos y terrestres.


Los dioses ligados a este dominio se encuentran en el gran “Cerro del Oro” ubicado al oriente, es decir, en el corazón de la tierra. Los dioses habitan en el interior de los cerros donde se encuentran todas las riquezas y fenómenos del mundo: truenos, lluvia, relámpagos, semillas, animales, árboles, etcétera. Las cuevas son las “vías de comunicación con los dioses, a través de las cuales se puede platicar con ellos”. La réplica del dios del Cerro del Oro son todos los cerros.


El ciclo temporal se refiere al periodo productivo que empieza en la siembra, continúa con la petición de lluvias en los cerros y cuevas donde mora Tlaloc, dios de la lluvia, al que se le pide que llueva lo suficiente y que las cosechas sean abundantes, por lo que en estas ceremonias las semillas de maíz deben ser bendecidas. Posteriormente se realizarán las fiestas ligadas a cada fase del proceso de producción del maíz que está ligado al ciclo de la lluvia. Luego vendrá un breve momento de descanso, posterior al cual se quemará la tierra (en el caso del estado de Guerrero se iniciará el Tlacolol), para sacar el agua y empezar el ciclo nuevamente.


Se observan diferencias en la forma de utilizar los recursos naturales que intervienen en la ceremonia, los geosímbolos de los sitios donde se realizan, las estrategias de conservación de los sitios ceremoniales, la forma de participar tanto de hombres como de mujeres. Aunque el simbolismo que está ligado al sistema de creencias de estas comunidades coincide con el modelo de cosmovisión de López Austin (op. cit.).


En la comunidad de Atliaca, la ceremonia se efectúa en el pozo de Oztotempan, ubicado en el cerro del mismo nombre, a 2 000 msnm. No obstante que la ceremonia en el cerro es el primero de mayo, es preparada con varios días de anticipación; es necesario adornar el templo en el pueblo y en Oztotempan, preparar las ofrendas, bendecirlas y, lo principal, que los participantes se preparen espiritualmente, por lo que hay que ayunar ocho días (Flores, 2000). En el pozo se ofrendan animales vivos (guajolotes, gallinas y palomas), adornados con flores de cempoalxóchitl o cacaloxóchitl, además se les cubren los ojos con un capuchón de papel de china y se les amarran las patas para que no puedan volar bien. Las ofrendas que se arrojan son introducidas al pozo con la ayuda del huehuetzin, el hombre de mayor edad, y por lo tanto, poseedor de mayor sabiduría.


Las ofrendas florales que son arrojadas al pozo, conocidas como chitalli, se hacen con el cogollo del Agave cupreata (maguey mezcalero), el cual se sostiene con aros elaborados con otate u otro material vegetal resistente y flexible. Esta ofrenda es un contenedor de alimentos y es adornado con flores de Plumeria rubra (cacaloxochitl) y/o Tagetes erecta (cempoalxóchiltl); estas últimas son flores aromáticas, incienso humeante para purificarlas en su camino y velas encendidas que rodean la ofrenda para que “ayuden a los dioses a encontrar el camino, para que las reciban en su mundo de oscuridad y humedad (los Tlalocan)”.


En el altar de la iglesia, donde se encuentran las cruces de los pueblos participantes, en el piso se colocan las ofrendas que son preparadas por las manos femeninas, aunque participan también los niños y los hombres. Los animales arrojados al pozo son ofrendados por el huehuetzin, el hombre más viejo de la comunidad de Atliaca, la de mayor importancia en la ceremonia en relación con los otros pueblos participantes; además, la cruz principal, que se ubica al centro del altar de la iglesia, también pertenece a Atliaca. A decir de uno de los entrevistados en esta comunidad, los animales son introducidos al pozo haciendo la señal de la cruz, pero detrás de este mensaje simbólico está la ofrenda a los cuatro puntos cardinales que coincide en los movimientos de la cruz.


También es importante mencionar que en la ceremonia está implícita la fertilidad debido a la participación de “las pastoras”, niñas, cuya edad promedio es de 15 años y son seleccionadas considerando que sean vírgenes. La vestimenta es elaborada con un velo, una corona hecha a base de tela y en las manos portan un bastón con un cascabel que hacen sonar al girar con los movimientos de su danza.


Las mujeres de mayor edad participan en los rezos cantados y se caracterizan por el uso del rebozo. El huehuetzin es quien dirige los rezos y las mujeres los responden.

Una danza importante en la ceremonia es la de los tlacololeros, que está asociada específicamente al ciclo agrícola, donde se simulan los truenos, el fuego y las actividades ligadas al tlacolol, para el cultivo del maíz.


El pozo de Oztotempan (que puede considerarse como una cueva invertida) es importante porque, de acuerdo con este grupo, es este lugar el centro del universo, tal como se mostró en el planteamiento de López Austin (op. cit.) Esta ceremonia se realiza el primero de mayo de cada año y está asociada con la cruz (Neff, 1994; Matías, 1997; Dehouve, 2002).


La estrategia de conservación consiste en el establecimiento de una normatividad que prohíbe la tala y el daño o saqueo del pozo, la violación es castigada con cárcel. La ceremonia tiene una duración de 24 horas, pero requiere un mes de preparación.


La ceremonia de pedir la lluvia termina en el cerro de Amoxtepetl los días 2 y 3 de mayo donde se encuentra el manantial que surte de agua a la comunidad de Atliaca. En este sitio son respetados los ahuehuetes, pues son árboles considerados los “guardianes del agua”.


En el caso de la comunidad La Esperanza, la ceremonia se realiza del 2 al 4 de mayo, pero requiere de 15 días de preparación para conseguir los elementos naturales que se emplearán en la ofrenda de la cruz. Ésta se celebra en el cerro Astillero pero con la modalidad de que aquí no hay sacrificio de animales, aunque también está asociada a la cruz, la cual se adorna con cacaloxóchitl, cempoalxóchitl y dalias. La fertilidad se asocia a que las mujeres de mayor edad y las recién casadas, sin importar su edad, tienen su primera borrachera con mezcal, lo que, de acuerdo con un grupo de mujeres, simboliza alcanzar la madurez como mujer y que ya pueden tener hijos y conducir a su familia.


Las mujeres se visten con sus trajes regionales, adornados con elementos de la naturaleza: en la blusa se representa el día por ser blanca con flores bordadas de colores vivos; la falda, de tela oscura, representa la naturaleza, compuesta de plantas y animales, y en el fondo, las lentejuelas semejan a las estrellas, sobre todo cuando giran en las danzas por el reflejo de la luz artificial de la noche o la luz de sol en el día.

Todas las mujeres, ataviadas con el traje regional, participan en los rezos, que también aquí son conducidos por el hombre de mayor edad de la comunidad y que puede darse en español y responderse en la lengua náhuatl por parte de las mujeres.


Las mujeres en el altar sirven mole verde, generalmente acompañado por una mitad de huevo cocido, con un tamal de frijol y con tortilla.


Tanto en la casa del padrino como en la del mayordomo, las mujeres y los hombres bailan por separado.


En la comida es donde se establece una diferencia: el padrino ofrece a sus invitados caldo de res (huacaxtoro) y el mayordomo, mole de guajolote. Las mujeres comen sentadas en un petate y los hombres en la mesa. Las mujeres toman y se emborrachan entre ellas y los hombres lo hacen entre ellos. Un grupo de mujeres no se emborracha para poder servir las mesas.


A diferencia de la ceremonia del pozo, aquí no hay una cueva propiamente dicha, sino que se realiza en donde nace el manantial que proporciona agua a la comunidad, pues el vital líquido se convierte en el elemento más importante, lo que apoya, desde el punto de vista simbólico, el modelo que hemos estado analizando para entender estos procesos.


Un elemento importante, que se lleva a cabo en la ceremonia de La Esperanza, en relación a la de Oztotempan, es que, al final de la misma, los participantes giran en sentido contrario a las manecillas del reloj, caminando hacia atrás, para marcar el tiempo de la despedida, acompañada por cantos religiosos. Al final se entregará un puño de semillas de maíz bendecidas, con un ramo pequeño de flores de cempoalxóchitl, cacaloxóchitl o dalia, lo que resulta relevante por el papel que juegan estos elementos en la cosmovisión del grupo. En Atliaca, las flores se entregan con la ofrenda y las semillas bendecidas se arrojan al pozo.


Otro elemento importante es el pase de lista a los que han muerto y han participado en la ceremonia, lo que coincide con el modelo de López Austin: para que se renueve el mundo, hay que partir de los muertos, ya que de ellos, de sus huesos molidos y cenizas se forman los hombres. Otro factor importante es el combate, es decir, peleas que se realizan entre los miembros de esta comunidad con la del rancho “Las Lomas”, donde luchan hombres, mujeres y niños, y que refleja el pasado cuando se peleaban comunidades antagónicas que luchaban por los recursos y sitios de la región.


Los hombres pelean con otros hombres en condiciones iguales de altura, corpulencia y estado de ebriedad, según sea el caso, al igual que las mujeres pelean con otras mujeres con las mismas reglas comunitarias, como en el caso de las niñas y niños.


El combate, de acuerdo con Pablo Temertizo, uno de los entrevistados, sirve para fertilizar la tierra y se lleva a cabo en una zona de cultivos que marca la frontera entre las comunidades que tradicionalmente pelean, por lo que las manos se tienen que frotar con la tierra, y la sangre que sale de la nariz llega a la tierra: “una gota de sangre es una gota de lluvia”, como nos cuenta nuestro entrevistado. Por otra parte, combatir permite sacar la maldad y no llevarla a los cultivos, por lo que, después de las peleas los hombres y las mujeres que pelean terminan saludándose, aunque se haya perdido, sin que se muestre rencor aparente. Muchas veces, los hombres que intervinieron terminan tomándose una copa, el combate, por lo tanto, es parte de la identidad cultural de esta región.


La estrategia de conservación del sitio consiste en que, en esta zona, la comunidad se declara área comunitaria protegida y ha sido reforestada; quien deforesta aquí es multado o encarcelado, tal como se mencionó en el apartado de las características regionales. Es necesario promover, a nivel de política pública, la conservación de estos sitios con base en la normatividad establecida por estas comunidades y respeto a sus costumbres.


A manera de conclusión, podemos mencionar que estas ceremonias son resultado de un constante sistema de aprendizaje de saberes que se trasmiten de generación en generación, lo que configura su identidad como grupo, es decir, un “nosotros respecto de los otros” (González, op. cit.), y mientras esté ligada a su sistemas de creencias, estas ceremonias se traducen en una parte importante de la conservación de los recursos naturales del lugar, de la producción de maíces criollos y la reproducción constante de la cosmovisión indígena.

Profesor investigador del Departamento de Agroecología de la Universidad Autónoma Chapingo.


ESTE DOCUMENTO FORMA PARTE DE LA OBRA ESTADO DEL DESARROLLO ECONÓMICO Y SOCIAL DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS DE GUERRERO, PUBLICADO POR EL PROGRAMA UNIVERSITARIO MÉXICO NACIÓN MULTICULTURAL-UNAM Y LA SECRETARÍA DE ASUNTOS INDÍGENAS DEL GOBIERNO DEL ESTADO DE GUERRERO, MÉXICO 2009.


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